La experiencia que el hombre ha vivido desde la invención de internet ha modificado sus prácticas culturales y formas de habitar el mundo, creando un espacio virtual, imaginado como una gran red, que ofrece nuevas formas de interacción. De esta manera, las nuevas tecnologías telemáticas de la información y de la comunicación dan origen a una nueva estructura del espacio social, donde el hombre reconfigura sus hábitos y se sumerge en una gran ciudad global que no es física.
El acceso ilimitado a la información y la posibilidad de compartirla de forma inmediata con otros usuarios a través de la red, da origen a la llamada sociedad del conocimiento, término utilizado por sectores académicos en la década del noventa. Al convertirse internet en una gran red del conocimiento, pasa a ser llamada la autopista de la información, una gran plataforma en la que circulan imágenes, textos, sonidos y videos a gran velocidad de forma simultánea.
La autopista de la información es una infraestructura digital que crea espacios de vinculación social. Analógicamente, se puede comparar con una gran vía por donde circulan millones de carros, que en este caso sería la información que se está moviendo por la red.
Sin embargo, la autopista de la información “no se trata de una autopista fría y árida, con entradas y salidas para el tráfico, sino de una serie de comunidades culturalmente ricas(…)”[1], con usuarios capaces de crear y concebir proyectos con las herramientas que les ofrece la vasta red, que propone una nueva estructuración del espacio social.
El impacto cultural que genera internet es evidente. La vasta red de información e interactividad dibuja un panorama atractivo para sus usuarios, con una nueva forma de construir relaciones sociales y de acceder al conocimiento. Cada vez más gente migra a este nuevo entorno, que aún se está explorando y que cada día propone nuevas formas de vivir para el hombre.
“Habitar” en el mundo virtual plantea “un espacio que es global, que supera los límites territoriales y que puede ser pensado como una gran ciudad global que se superpone a las ciudades clásicas, a las naciones, a las casas, a las empresas”[2], que es lo que el filósofo Javier Echeverría llama telépolis.
Según Echeverría, Telépolis se convierte en un tercer entorno, después del campo y las ciudades; a donde la gente se está transladando con sus hábitos y actividades cotidianas. Ese ámbito telemático exige nuevas habilidades, pues tiene características diferentes a las que los usuarios se deben habituar si quieren ser parte de él.
En esta nueva ciudad que no es física sino virtual, se está estructurando una nueva forma de vivir. Sus habitantes cada vez verán menos la necesidad de salir a la calle y se verán seducidos por el entorno telemático que les permite trabajar o hacer compras desde su propia casa, actividades económicas que saldrán del segundo entorno, las ciudades, para convertirse estas en espacios de ocio y entretenimiento.
La autopista de la información que se teje día a día en la red hace que esa ciudad global llamada telépolis crezca y ofrezca a sus usuarios nuevas formas de interacción social. Sin embargo, los habitantes de esta nueva ciudad no podrán seguir viviendo igual, sino que tendrán que desarrollar nuevas habilidades y estructura de pensamiento que se adapten a la compleja forma de vivir que propone telépolis.
[1] UNESCO. Informe mundial sobre la información. 1997/98. Paris: CINDOC, 1997. P. 317
[2] RAPETTI, Rodolfo. La telépolis del siglo XXI. (En línea) Disponible en: http://edant.clarin.com/suplementos/zona/1999/05/23/i-01001e.htm. Consultado 4 de Febrero, 2012
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